Preferiría dormir en la misma cama que mis sueños

"La conciencia como espacio entre la intimidad y los vínculos colectivos". Un capítol del llibre ‘Los imaginarios colectivos, la salud pública y la vida. Para conversar desde las artes sobre nuestro bienestar en sociedad’

Miquel Porta Serra
 
 
 

Experiencia común y subjetividad. Identidades y conciencias personales y colectivas. Afluentes entre intimidades y vínculos colectivos, ob/subjetividades. Yo y los otros. Lectura, acción. Sentido. Memoria, herencia y tradición, presente y futuro. Ríos celestes y galaxias subterráneas. Íntimos imaginarios comunes. (In)comprensión. Conversaciones.

El periodista conversa con el poeta Luis García Montero (Granada, 1958) y lo que dicen llega —o puede llegar, claro— a todos, trabajadores o no de algo que conecte lo privado y lo público, lo subjetivo, lo político y lo objetivo, “grandes núcleos de memoria común” (Piglia, más adelante), ¿la intimidad ciudadana?

Pregunta. Usted siempre ha defendido para la poesía una dimensión política sin panfletos.

Respuesta. Recuerdo que después de una lectura en un pueblo con Ayuntamiento del PCE [Partido Comunista de España], el alcalde tomó la palabra para pedir a los hombres que no pegaran a sus mujeres por ir a la escuela nocturna. La nueva sentimentalidad cristalizó como política, sí. Claro que en una ocasión estaba con Alberti en la RDA [República Democrática Alemana] y pasaron unos folletos en los que se decía que los poetas cantan a la colectividad frente a los sentimientos pequeñoburgueses. Le dije a Rafael: “Si les doy a estos un poema para que lo traduzcan, me mandan a la cárcel”.

P. ¿Recuerda dónde estaba cuando cayó el Muro de Berlín?

R. […] Ya lo avisó Cernuda: nuestras revoluciones pueden ser más crueles e injustas que nuestras leyes. Para mí la pregunta era: ¿qué hacer? ¿No seguir porque las banderas se han manchado? ¿Dejar los sueños porque se han corrompido?

P. ¿Ese sentimiento llegó a su poesía?

R. Ese sentimiento atraviesa un libro como Las flores del frío, de 1991. Por un momento tuve la tentación del ensimismamiento. Al final decidí no dormir en la misma cama que mis sueños. De ahí el título del libro siguiente: Habitaciones separadas. El reto era no caer ni en el cinismo ni en el silencio y apostar por la conciencia como espacio entre la intimidad y los vínculos colectivos. Hay que reivindicar la individualidad porque la ideología neoliberal lo está homologando todo y liquidando los espacios públicos a costa de liquidar la conciencia.

La conciencia como espacio entre la intimidad y los vínculos colectivos.

Los espacios públicos y la conciencia: ¿así que entre ellos hay algo?, ¿que tienen una historia, una aventura de ensueño…? Pues si es así, entonces lo lógico es que duerman en la misma cama, ¿no? Ah, pero es que además están los sueños… ¿Con quién duermen los sueños, si no es con una? Con una, con uno. Hum… que hay que separar, que no se pueden mezclar las cosas… Vaya pues.

A pesar de todo: como no quería alambradas ni cemento entre su vida y sus sueños, como aborrecía de esquizofrenias, dicotomías, maniqueísmos, mutilaciones y penitencias, prefirió soñar despierto, vivir en el ensueño, en el mismo aire y en la misma cama que sus sueños.

Quizá no tenía razón y sí la tenía el poeta; o quizá ambas opciones eran aceptables, acertadas, alternables. ¿Dormir o no dormir con los sueños?

Una vez más: las cien formas de engarce entre lo individual y lo colectivo, entre persona y ambiente, entre uno y los demás, entre los sueños (y las ideas y el arte…) y la realidad.

Aunque acaso suene un poco bestia, contrástese a Luis García Montero con Alan, el bastante patético broker [agente de bolsa] de “Diario de un mal año” de John M. Coetzee; en palabras de su novia, la bellísima Anya, Alan lo ve así: “Las dos dimensiones, la individual y la económica: así es como Alan ve el mundo, la dimensión individual, que no es asunto de nadie más que tuyo, y la dimensión económica, que es la realidad del ancho mundo”.

La conciencia como espacio que parece solo interno, pero que en realidad es el —o un— espacio privilegiado entre uno y los demás.

Y además: los ríos celestes y las galaxias subterráneas entre la conciencia colectiva y la conciencia personal. Experiencia común y subjetividad. Íntimos imaginarios comunes.

Hoy y desde siempre: intentan liquidar espacios públicos a costa de liquidar conciencias, y viceversa.

Lo intentan, pero no lo lograrán, durmamos (vivamos) o no con nuestros sueños.

*

Experiencia común y subjetividad. La conciencia como espacio entre la intimidad y los vínculos colectivos. Los oleajes de la conciencia entre la intimidad y lo otro, tú, los demás, lo externo; sin diques, solo playas, porosas. Playas. Algún acantilado. Algún pantalán. Espacios de diálogo, juego, acción. Sueños, dudas, temores, placeres. Memoria (in)voluntaria. Memoria (im)personal, memoria ajena, memoria co lectiva. Recuerdos, lecturas, tradición. Placeres, risas. ¡La risa! Valores, actitudes, normas, conductas. La conciencia, los sueños, ensueños (el somieig, la rêverie), ficciones y fantasías, la imaginación, las músicas de toda índole, todas las artes, juegos, tradiciones, fiestas, tantas dimensiones de la cultura: espacios entre la intimidad y lo colectivo, lo local y lo global, el universo (“que otros llaman la biblioteca”); presente, experiencia, recuerdos, memoria, tradición, historia, arte; la subjetividad, la política, la realidad y la objetividad, vínculos entre tú, los demás y yo.

Tantos artistas nos han hablado y nos hablan de ello. Y, siendo como son cuestiones fundamentales en tantos afanes de la vida —claramente también fundamentales en todo trabajo con perspectiva y voluntad públicas— lo raro es que en muchas de esas profesiones aceptemos a menudo análisis y discursos que no las trabajen, esas “cuestiones”. Lo íntimo y lo público, lo personal y lo colectivo, la subjetividad, los anhelos, la política, la realidad… tú, ellos y yo. Nosotras.

Cierto que a veces hay que separar lo técnico y lo artístico. Pero en muchas otras ocasiones es más fértil lo contrario: conectar, integrar, evocar, sugerir, mezclar, moldear, soldar, fusionar, amalgamar…

Tantos artistas nos han hablado y nos hablan de ello. Leyéndoles en paz, escuchándoles con calma, mirándoles y soñándoles con tranquilidad percibimos facetas y dimensiones de nuestra vida —personal, generacional, familiar, laboral, colectiva, ¿nacional?— que sin ellos quedan en las profundidades de la (in)conciencia o del subconsciente. Y así se enriquecen o empobrecen nuestras ansias, afanes y oficios.

*

Antonio Muñoz Molina:

Don Winslow utiliza las normas del thriller con la misma libertad y el mismo rigor con que John Le Carré ha usado las de las novelas de espías en sus obras mejores, con una ambición equivalente de aprovecharse de ellas para dar forma a un relato verídico del mundo tal como es. En The power of the dog, la pura fuerza de la intriga dibuja las conexiones criminales, en los años de Reagan, entre los cárteles mexicanos de la droga y el Gobierno de Estados Unidos para financiar y suministrar armamento a los Contras de Nicaragua y a los mi litares y paramilitares que llevaban a cabo campañas de exterminio contra cualquier forma de disidencia política, retratada siempre como subversión comunista.

[El terreno del arte de la novela es] contar la vida de la gente, la de cualquiera, la de todos, la vida y el habla, los trabajos, las pasiones, la fiebre del dinero, las bajezas de la política, la confusión entre todo lo bueno y todo lo malo, lo mejor y lo peor, la cobardía y el heroísmo, la ternura, la soledad, la embriaguez, el crimen, la belleza. El arte de la novela alcanza su máxima altura cuando nos permite transitar de una conciencia a otra y explorarlas todas con la misma precisión, desde su propio punto de vista, con las palabras que son propias de cada uno. El arte de la novela se alimenta con igual codicia de lo noble y lo inmundo, de lo terrenal y lo invisible, porque de todo eso está hecha la vida real.

Contar (mejorar) la vida de la gente, la de cualquiera, la de todos, dialogar entre unas conciencias y otras, espacios privilegiados entre tú y los demás.

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El escritor y crítico Andreu Jaume cuenta que la filósofa y escritora Iris Murdoch (Phibsborough, Dublín, 1919-Oxford, 1999) dijo: “La literatura hace muchas cosas, la filosofía, solo una”. También algunos científicos —e ingenieras, maestros, médicas, economistas, abogadas, administrativos, trabajadores de toda índole— habrán pensado lo mismo de su especialidad o trabajo. La literatura hace muchas cosas, la ingeniería, solo una. La literatura hace muchas cosas, la ciencia, solo una. (In)verosímil. (Im)plausible. ¿Ironía? No necesariamente. Pienso en Boris Vian, por ejemplo, ingeniero, músico, escritor79. O en John Keats, el poeta, que estudió y practicó la medicina. O en tantas otras de nosotras.

Al decir de Jaume,

Murdoch fue, por un lado, una novelista divertidísima y, por otro, como ha dicho Martha Nussbaum, una “gran filósofa moral”, una pensadora que se atrevió a enfrentarse a los dogmas de su época, abriendo un pequeño camino propio en el tupido bosque de la filosofía del siglo XX. […] Ocurrió, sin embargo, que a medida que avanzaba en su investigación [filosófica], Murdoch se dio cuenta de las limitaciones de la filosofía para explorar lo que a ella le interesaba. Como dijo su amiga (y amante) Philippa Foot: “Mientras que a nosotras nos interesaba el lenguaje, a Iris le incumbía la vida moral. Al final nos abandonó”. Y por eso se dedicó cada vez más a la literatura, donde vio mayores posibilidades de estudiar y representar las relaciones entre individuos.

Podríamos pues pensar (decir): “Mientras que a nosotras nos interesaba la salud pública [o la ciencia, o la enseñanza, o el que sea nuestro trabajo], a ella le incumbía la vida moral. Y por eso se dedicó a la pintura [o a…], donde vio mayores posibilidades de estudiar y representar las relaciones entre individuos”. Tema clave en salud pública y en tantos otros oficios. (Ojo con el afán pedagógico que pone en riesgo el posible valor literario).

La vida moral, tan aparentemente ausente de los propósitos de la salud pública o la ciencia o la economía o la arquitectura o… Aparentemente, pero no realmente.

*

También cometí —y te invito a cometer— la feliz insensatez de leer a la vez textos de Ricardo Piglia y de Jaime Gil de Biedma. Retazos que inspiran a pensar y actuar sobre lo que de varias maneras tratamos en este libro.

Ricardo Piglia (Adrogué, provincia de Buenos Aires, 1941-Buenos Aires, 2017) y Jaime Gil de Biedma (Barcelona, 1929-Barcelona, 1990). 1990-1941: unos 50 años de tiempo histórico común. Y muchos más de tradición. ¿Se trataron, conocieron, leyeron? Incluso quitando los primeros 25 de Piglia, todavía quedan 25; en 1966 De Biedma se acercaba a los 40; 1941-1990; etc. Historia, tradición, memoria, cultura, pensamiento crítico.

Fragmentos de Ricardo Piglia:

Para un escritor, la memoria es la tradición. Una memoria impersonal, hecha de citas, donde se hablan todas las lenguas; los fragmentos y los tonos de otras escrituras vuelven como recuerdos personales; con más nitidez, a veces, que los recuerdos vividos. La tradición tiene la estructura de un sueño: restos perdidos que reaparecen, máscaras inciertas que encierran rostros queridos. Escribir es un intento inútil de olvidar lo que está escrito. (En esto nunca seremos suficientemente borgeanos).

En esto nunca seremos suficientemente borgeanos.

Borges lo dijo diversas veces; por ejemplo, en la única página que ocupa “Borges y yo”: “Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas […]. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición […]”. Y continúa: “Poco a poco voy cediéndole todo… Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy)… Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro. No sé cuál de los dos escribe esta página”.

“La relación entre memoria y tradición puede ser vista como un pasaje a la propiedad. Todo es de todos, la palabra es colectiva y es anónima. Macedonio Fernández concebía de esa manera la literatura y varios de sus mejores textos se han publicado con el nombre de Borges, de Marechal, de Julio Cortázar”.

A nuestro modo también nosotros concebimos de esa manera el oficio y varios de nuestros mejores textos —textos nuestros, propios, personales, de todos— se han publicado con el nombre de Ana, Amaia, Julia, Concha, Rosa, Bea, Carme(n), Marina, Soledad, Teresa, Mònica, Fernando, Paco, Miguel, Vicente, Alfonso, Carlos, Andreu, Andrés, Aser, Jordi, Jorge, Juan, Luis, Rafa, Michael, Paolo, Mario, Geoffrey, George, Arthur, Leonardo, Ilona, Claire.

“¿Cómo llegar a ser universal en este suburbio del mundo? ¿Cómo zafar del nacionalismo sin dejar de ser
argentino? Podemos apropiarnos del universo desde un suburbio del mundo”.

*

Ricardo Piglia hablando del Che Guevara:

Todavía falta un paso, un punto de viraje, que permitirá a este joven —cuyo destino parece ser el Partido Comunista, ser un médico del PC— convertirse en una suerte de modelo mundial del revolucionario en estado puro. Y ese paso, me parece, se construye con la unión de sus lecturas y esa experiencia que podríamos llamar flotante. Ir al sur cuando se pretende ir al norte. Básicamente, la pulsión del viajero, del aventurero y, sobre todo, la situación del que ha dejado atrás las fronteras y la pertenencia nacional. Guevara es un expatriado voluntario, un desterrado, un viajero errante que se politiza y no tiene inserción.

Palabras del propio Che: “Además sería hipócrita que me pusiera como ejemplo, pues yo lo único que hice
fue huir de todo lo que me molestaba”.

De nuevo Piglia sobre Guevara:

No se trata del médico del positivismo, del modelo de científico que revela los males de la sociedad […]. Se trata, en cambio, del médico como figura del compromiso y la comprensión, del que socorre y salva. […] No propone nada que no haga él mismo. No es un burócrata, no manda a los demás a hacer lo que él sostiene. Esta es una diferencia esencial, la diferencia que lo ha convertido en lo que es. El que paga con su vida la fidelidad con lo que piensa.

Paralelamente persiste en Guevara lo que he llamado la figura del lector. El lector como el que persevera, sosegado, en el desciframiento de los signos. El que construye el sentido en el aislamiento y en la soledad. Una figura extrema del intelectual como representante puro de la construcción del sentido.

La lectura funciona como un modelo general de construcción del sentido. Hay una tensión entre el acto de leer y la acción política. Cierta oposición implícita entre lectura y decisión, entre lectura y vida práctica. […] La vida se completa con un sentido que se toma de lo que se ha leído en una ficción. […] Persiste ahí la idea de que hay algo que debe ser preservado, algo que la lectura ha acumulado como experiencia social.

Podríamos hablar de una lectura en situación de peligro. Son siempre situaciones de lectura extrema, fuera de lugar, en circunstancias de extravío, de muerte, o donde acosa la amenaza de una destrucción. La lectura se opone a un mundo hostil, como los restos o los recuerdos de otra vida. Estas escenas de lectura serían el vestigio de una práctica social. Se trata de la huella, un poco borrosa, de un uso del sentido que remite a las relaciones entre los libros y la vida, entre las armas y las letras, entre la lectura y la realidad. Guevara es el último lector porque ya estamos frente al hombre práctico en estado puro, frente al hombre de acción. “Mi impaciencia era la de un hombre de acción”, dice de sí mismo en el Congo. El hombre de acción por excelencia, ese es Guevara (y a veces habla así). A la vez Guevara está en la vieja tradición, la relación que mantiene con la lectura lo acompaña toda su vida.

Hay una foto extraordinaria en la que Guevara está en Bolivia, subido a un árbol, leyendo, en medio de la desolación y la experiencia terrible de la guerrilla perseguida. Se sube a un árbol para aislarse un poco y está ahí, leyendo. En principio, la lectura como refugio es algo que Guevara vive contradictoriamente. En el diario de la guerrilla en el Congo, al analizar la derrota, escribe: “El hecho de que me escape para leer, huyendo así de los problemas cotidianos, tendía a alejarme del contacto con los hombres, sin contar que hay ciertos aspectos de mi carácter que no hacen fácil el intimar”.

El Che y su asma, el médico enfermo. “‘El inhalador es más importante para mí que el fusil’, le escribe a su madre en la primera carta que le envía desde Sierra Maestra. El inhalador para respirar y los libros para leer. Dos ritmos cotidianos, la respiración cortada del asmático, la marcha cortada por la lectura, la escansión pausada del que lee. Eso es lo persistente: una identidad de la que no puede (y no quiere) desprenderse. La marcha y la respiración”.

Hay una escena en la vida de Ernesto Guevara sobre la que también Cortázar ha llamado la atención: el pequeño grupo de desembarco del Granma ha sido sorprendido y Guevara, herido, pensando que muere, recuerda un relato que ha leído. Escribe Guevara, en los Pasajes de la guerra revolucionaria: “Inmediatamente me puse a pensar en la mejor manera de morir en ese minuto en el que parecía todo perdido. Recordé un viejo cuento de Jack London, donde el protagonista apoyado en el tronco de un árbol se dispone a acabar con dignidad su vida, al saberse condenado a muerte, por congelación, en las zonas heladas de Alaska. Es la única imagen que recuerdo”. Piensa en un cuento de London […]. Y parece que Guevara hubiera recordado una de sus frases finales: “Cuando hubo recobrado el aliento y el control, se sentó y recreó en su mente la concepción de afrontar la muerte con dignidad”. Guevara encuentra en el personaje de London el modelo de cómo se debe morir.

Pensar en la mejor manera de morir.

*

“El último relato de Borges narra la historia de un hombre que recibe la memoria de Shakespeare. Entonces vuelve a su vida la tarde en la que escribió el segundo acto de Hamlet y ve el destello de una luz perdida en el ángulo de la ventana. Vivir con recuerdos ajenos es una variante del tema del doble, pero es también una metáfora de los usos de la tradición”.

La historia de un hombre que recibe la memoria de Shakes peare97. La historia de un hombre que recibe la memoria de Europa. Esta incluye la de su pueblo.

“La figura de la memoria ajena es para Borges el núcleo que permite entrar en el enigma de la identidad y de la cultura propia, de la repetición y de la herencia”.

Herencia, cultura, identidad.

Manejar una memoria impersonal, recordar con una memoria ajena. Esa parece una excelente metáfora de la cultura contemporánea. […] La memoria personal está en manos del Estado. (Lo mejor de la vida del sujeto moderno, aquello de lo que realmente podría enorgullecerse, es lo que está escrito, en secreto, en las fichas policiales y en los archivos de inteligencia). […] La ficción narra, metafóricamente, las relaciones más profundas con la identidad cultural, la memoria y las tradiciones. Su tema central [el de la novela actual] es, diría yo, la tensión entre cultura mundial y tradiciones locales. Entre la tendencia generalizada de uniformar la experiencia y construir grandes núcleos de memoria común y las resistencias parciales, la cultura situada, la voz particular, […] el barrio, la zona, el imaginario mundial.

*

Fragmentos de Jaime Gil de Biedma:

Pero por memorable en literatura entiendo aquello que no solo se almacena en el bric-à-brac [aquí, como un desván de retazos] de la memoria, sino que sigue viviendo en la imaginación, en cuyo seno parece alumbrar las trazas de un sentido que por igual sirve de pausa a nuestra experiencia de lo real y a nuestra experiencia de lo imaginario.

En las ficciones y en los poemas de Jorge Luis Borges, el orden que les da forma y sentido, haciéndolos vivir en la imaginación del lector, es también con frecuencia una ficción o un sueño o una impostura, una trama en trompe l’oeil [trampantojo], una broma inquietante que Borges con impunidad e indiferencia de Supremo Hacedor nos hace a nosotros, es decir: a sí mismo. Alguien afirmó una vez, ya no recuerdo quién, quizás el propio Jorge Luis Borges, que Shakespeare fue todos los hombres. Ciertamente Borges no es Shakespeare, y la universalidad de la literatura es otra; de él conviene afirmar que todos alguna vez hemos sido Borges, aunque no sabemos cuándo.

Shakespeare fue todos los hombres.

Todos alguna vez hemos sido Borges, aunque no sabemos cuándo.

“[…] ya que las cosas que le ocurren a un hombre les ocurren a todos”.

Escribir un poema es aspirar a la formulación de una relación significativa entre un hombre concreto y el mundo en que vive. […] Mis versos no aspiran a ser la expresión incondicionada de una subjetividad, sino a expresar la relación en que esta se encuentra con respecto al mundo de la experiencia común. Es la interacción entre estos dos factores —experiencia común y subjetividad— lo que poéticamente me interesa.

Antes, Piglia sobre el Che: “Entra como médico y sale como guerrillero. E inmediatamente se constituye en el modelo mismo del guerrillero, en el guerrillero esencial digamos, el que ve la vida en la guerrilla como el ejemplo puro de la construcción de una nueva subjetividad”.

Varlam Shalámov en la última de las conmovedoras Cuarenta y cinco cosas que aprendí en el Gulag: “45. Entendí que un escritor tiene que ser un extranjero en las preguntas que está tratando, y si conoce bien su material, escribirá de tal manera que nadie lo entenderá”.

“El poeta debe situarse a una cierta distancia de su lector —de su interlocutor— y a una cierta distancia de sí mismo: exactamente a las mismas que cuando comunica socialmente, personalmente, con otros hombres. En pocas palabras finales: a menudo, la poesía que yo aspiro a hacer no es comunión, sino conversación, diálogo”.

Experiencia común y subjetividad. Identidades y conciencias personales y colectivas. Afluentes entre intimidades y vínculos colectivos, ob/subjetividades. Yo y los otros. Lectura, acción. Sentido. Memoria, herencia y tradición, presente y futuro. Ríos celestes y galaxias subterráneas. Íntimos imaginarios comunes. (In)comprensión. Conversaciones.

Miquel Porta Serra
Sobre Miquel Porta Serra

Miquel Porta Serra és metge, investigador de l’Institut Hospital del Mar d’Investigacions Mèdiques (IMIM) i catedràtic de Salut Pública a la Facultat de Medicina de la Universitat Autònoma de Barcelona. Contacte: Twitter | Més articles

1 Comentari en Preferiría dormir en la misma cama que mis sueños

  1. Miquel Porta // 29/10/2019 en 20:58 // Respon

    Vegeu informació sobre el llibre, que esperem us interessi a: https://www.catarata.org/libro/los-imaginarios-colectivos-la-salud-publica-y-la-vida_95473/

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